La Sala estaba igual que siempre: mi rincón preferido sumido en la tenue oscuridad que era opacada por la luz que lo rodeaba impregnando aquella pequeña habitación. Era mi lugar preferido desde que los conocí. Nunca había encontrado a gente mas diversa qye mis compañeros de banda, mis amigos.
Fernando era un chico mas bien pasivo, relajado, apagado pero sincero. No gozaba mucho la luminosidad de expresión ni se destacaba por su presencia en reuniones sociales. Pero cuando estaba junto a nosotros era un chico increíble, ingenioso y comunicador. A pesar de todo conservaba su incomparable y representativo respetuosidad. Su talento no era conocido por muchos ya que odiaba exponerse como un ejemplo de admiración, cosa absurdamente extraña si consideramos lo ingenioso que era cuando tomaba la guitarra o el bajo, bien seria alabado por muchos.
Al entrar a la pieza fue el primero en atisbar ya que se encontraba cerca de la puerta principal, y como buen anfitrión se levanto a recibirnos en cuanto aparecimos por la esquina del lugar. Le sonreí tanto como pude. De alguna manera me sentía en deuda con él, por lo que trataba en lo posible de ser amable.
Junto al lugar donde se encontraba Fernando estaba Carlo sentado en un sofá- o mas bien echado en el sofá- como era costumbre en él. De manera presumida e irónicamente sencilla levanto su mano para saludarnos. No pude evitar soltar una risilla ante aquella manifestación tan exagerada; pero yo lo conocía lo suficiente para afligirme por eso.
Carlo tocaba la primera guitarra ¡y vaya que bien lo hacía! Siempre impresionaba a quien lo viera por primera vez, pero cuando pasas el tiempo suficiente escuchándolo te comienzas a hartar de su presunción o simplemente te resignabas a aceptarlo, como yo.
- ¡que pasa viejo!- gritó Carlo mientras hacia ademán de palmearle la espalda a Nicolás sin moverse de su lugar, por lo que supuse se encontraba demasiado cómodo para hacerlo- explícame tu cara de felicidad.
Desde que llegamos Nico no había borrado su enorme sonrisa de su rostro y que por la intriga que causaba en los demás se había acentuado alcanzando las orejas. O casi.
- ¡Vamos! Diles de una vez- le dije impaciente.
- ¡Ah! Ok- comenzó-, chicos, tenemos…
- ¡Franelas listas!- grité sin poder aguantarme.
- ¡Oh! Vamos Ariel, siempre arruinas mis momentos- se quejo Nico.
- Eso es…-dijo Fernando.
- Magnifico- completo Carlo.
- ¡Genial!- grito diego quien acababa de entrar a la habitación desde la puerta que daba al baño- pero ¿Dónde están?- pregunto dirigiéndose a nicolas mientras de secaba las manos en su pantalón energéticamente.
- Am..pues…
- No me digas que no las tienes- dijo Carlo tratando de adivinar la respuesta.
Nicolás solo agacho la cabeza.
Entonces, sin pensarlo dos veces, me acerque a su lado y le pegue un golpe seco eb la cabeza que le desordeno mas el pelo de cómo lo tenía.
- ¡Oh no! Se te olvidaron- dijo Carlo.
- No, no es eso, es que nos falta dinero para retirarlas- se defendió Nicolás mientras se sobaba la cabeza.
- Pero la presentación es el lunes- dijo Carlo exaltado- quedan ¡2 días! Para juntar lo que necesitamos- agrego dirigiéndose al resto.
- ¿Cuánto necesitamos?- hablo Fernando aburrido.
- $30.000 por pagar- dijo Nicolás.
Como no teníamos nada para aportar en ese momento decidimos salir a hacer lo que mejor sabíamos hacer, tocar. Micros y calles fueron las resueltas.
Mi función en la banda era ser Vocalista y una que otra vez guitarrista, por lo que el trabajo de las micros me fue encomendado junto con Fernando en la Guitarra para acompañarme. Carlo, por su talento innato y presumido fue mandado a las calles a tocar solo. Y Diego quien toca armónica como hobbie - mientras que en la banda toca batería -fue asignado a otra esquina en solitario. Esta decisión lo molesto en un principio ya que a diferencia de Carlo el odiaba sobreexponer sus destrezas frente al público, sobre todo si estará solo. Mas tarde y después de unas cuantas cervezas en el cuerpo terminó por aceptar.
El Gran día se acercaba, nuestra banda porfín competiría con grupos profesionales,
era el momento de demostrar lo que tanto habíamos ensayado. El concurso incluía de premio la oportunidad de grabar su propio CD profesional y lanzarlo a las masas y como si fuera poco también se enlistaba la creación de un video musical auspiciado por la cadena Mtv. Era ahora o nunca. Era la oportunidad de triunfar. Habiamos pasado un año compitiendo con grupos zonales y nacionales para llegar a la final, nos encontrábamos en el cuarto lugar de finalistas a nivel panamericano después d ehaber pasado a 1618 bandas y se preocupaban por franelas en vez de ensayar a 2 días de la competencia. Yo les seguía la corriente, odiaba discutir con ellos.
Pero todo esto se lo debíamos a nuestro manager, quien busco por cielo, mar y tierra nuevas oportunidades para salir y ser conocidos. Nicolás siempre quiso lo mejor para nosotros, siempre busco elite, confort y lujo. “Es lo que se merecen, ya serán grandes, lo sé” solía decir. Según él, la recompensa del esfuerzo vendrá en el siguiente paso.
Su misión en la carrera contra el tiempo en busca de dinero consistió en contarlo. Acuerdo tomado por todos ya que no contaba con mucho talento en el arte musical, por lo que tuvo que resignarse a eso sin reclamos.
miércoles, 29 de julio de 2009
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