Capitulo 1: La Carrera (1era parte)

miércoles, 29 de julio de 2009

 

Jugaba a un mundo de fantasías, un mundo de historias, de armonía de ingenuidad. Jugaba a un mundo inocente y callado.
Caminaba por la calle mientras miraba el suelo como una boba. Hacía frío, era invierno. Pateaba las piedras de la plazoleta imaginándome pequeñas cosas de mi futuro. Sueños inconclusos por la inseguridad tapaban todas mis conjeturas. Necesitaba aire, ya estaba cansada de las discusiones en casa.

Busque un sendero que me llevara a la nada pero no lo encontré. Por primera vez desde que salí de casa alce la vista y vi entre la gente un chico que corría en contra de mi dirección queriéndome alcanzar; no lograba identificarlo aún, la distancia era mucha. Entonces comenzó a gritar pero no entendía nada, hasta que la distancia entre ambos me permitió observarlo con detenimiento.
- ¡Nico!- Grité mientras alzaba la mano
- ¡Ariel! – grito a la vez. Esperé que me alcanzara para preguntarle por su desesperación.
Cuando lo hiso se detuvo frente a mí y tomo aire. Mientras lo hacia lo mire con escudriño. Se veía cansado, exhausto, quizás habría corrido demasiado. Estaba desordenado, con el cabello alocado, más de lo habitual, eso lo hacía verse bien.
Se Levanto con el aliento ya recuperado por el cansancio, me miro y suspiro.

- ¿Qué pasa?- lo miré desconcertada. Entonces comenzó a reír, mi humor no estaba para bromas, así que fruncí el seño.
- Adivina qué – me dijo al fin- las franelas están listas.
- ¡Genial! ¿Los chicos ya saben?
- No, quería que fueras la primera en enterarte- me dijo con aire compungido.
- ¿Que pasa?
Me sonrió una vez más y me tomo la mano. No insistí en el asunto, él no solía contarme las cosas, así que decidí callar y seguirlo, mi felicidad comenzaba a nacer y no quería desanimarme. Caminamos hasta la casa de Fernando para contarle la noticia. Era costumbre ver a los demás chicos de la banda en su casa, es por esto que decidimos visitarlo primero. Cuando llegamos me di cuenta que estaba en lo correcto, ahí estaban todos. Sabía que se emocionarían tanto como yo.

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